miércoles, 26 de junio de 2013

En busca del "yo" perdido

haideé iglesias

Esta imagen, lo mismo que la de la anterior entrada la subo en B&W porque no me permite blogger subir las que están en color. Curioso, si, porque las que están en color son originales y las que están en B&W son copia. En otras no me deja las copias; que tal como reza el aviso, sería éste el motivo. Pero no. Parece más bien a capricho. Muy curioso. Si. Y falso, claro. En ambos casos. Sigue la manipulación.
En fin, continuo con el ego.

¿Dónde se encuentra, pues el yo? No puede estar sólo en mi cuerpo, pues cuando digo "[yo] estoy orgulloso", es mi conciencia la que está orgullosa, no mi cuerpo. ¿Se encuentra entonces únicamente en mi conciencia? Dista mucho de ser evidente. Cuando digo: "Alguien me ha empujado" ¿es mi conciencia la que ha sido empujada? Por supuesto que no. Evidentemente, el yo no puede estar fuera del cuerpo y de la conciencia. Si constituyera una entidad autónoma separada tanto del uno como de la otra, no podría ser su esencia. ¿Es sólo la suma de sus partes, su estructura y su continuidad? ¿Se halla la noción del yo simplemente asociada al conjunto del cuerpo y de la conciencia? Estamos empezando a abandonar la noción de un yo concebido como un propietario o una esencia para pasar a una noción más abstracta, la de un concepto. La única salida a este dilema lleva a considerar el yo una designación mental o verbal vinculada a un proceso dinámico, a un conjunto de relaciones cambiantes que integran percepciones del entorno, sensaciones, imágenes mentales, emociones y conceptos. El yo no es más que una idea. 
Ésta aparece cuando unimos el "yo" psicológico, la experiencia del momento presente, con la "persona", la continuidad de nuestra existencia. Como explica el neuropsiquiatra David Galin, tenemos una tendencia innata a simplificar los conjuntos complejos para convertirlos en "entidades" y a suponer que dichas entidades son duraderas. Es más fácil funcionar en el mundo dando por sentado que la mayor parte de nuestro entorno no cambia de minuto en minuto y tratando la mayoría de las cosas como si fueran más o menos constantes. Perdería toda concepción de lo que es "mi cuerpo" si lo percibiera como un torbellino de átomos que no se identifica a sí mismo ni siquiera durante una millonésima de segundo. Sin embargo, olvido demasiado deprisa que la percepción corriente de mi cuerpo y del conjunto de los fenómenos no es sino una aproximación y que, en realidad, todo está en constante cambio. 
Así es como reificamos el yo y el mundo. El yo sustancial no es inexistente –lo experimentamos constantemente–, existe como ilusión. En ese sentido es en el que el budismo dice que el yo sustancial está "vacío de existencia autónoma y permanente". En ese sentido es también en el que el Buda decía que el yo sustancial, así como todos los fenómenos que aparecen ante nosotros dotados de una existencia autónoma, son semejantes a un espejismo. Visto desde lejos, el espejismo de un lago parece real, pero cuando nos acercamos nos sería muy difícil encontrar agua. Las cosas no son ni tal como nos parece que existen ni totalmente inexistentes, a la manera de una ilusión, aparecen sin tener realidad última. Tal como enseñaba el Buda:

Como la estrella fugaz, el espejismo, la llama,
la ilusión mágica, la gota de rocío, la burbuja en el agua,
como el sueño, el relámpago o la nube:
considera así todas las cosas. 

Matthieu Ricard 

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Siente la vida, siéntete a ti mismo, y di lo que sientes, sintiendo lo que dices
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